La vida en la frontera

Las ciudades fronterizas tienen siempre algo de particular. Este sábado Antonio debía subir a La Jonquera, él ha trabajado toda su vida allí y por tanto la conoce bien. La Jonquera me parece una ciudad tremendamente fea, fría, gris. Le pedí a Antonio que me contase como era La Jonquera antes del 92 cuando cerraron las aduanas.
Él me dijo que La Jonquera había sido un hervidero de gentes, de camiones cargados con mercancías. Me contó que en La Jonquera había más de 40 agencias de aduanas con infinidad de trabajadores a todas horas. El trabajo allí se hacía desde la madrugada hasta bien entrada la noche, incluso los sábados. No podían parar. Se movía muchas mercancías y por lo tanto mucho dinero. Al preguntarle como influía el hecho de que hubiese dinero él me dijo que el dinero se notaba en que había mucha alegría. Yo no había estado antes en la Jonquera pero me pareció todo lo contrario, triste. Y es que a partir del 92 se cerraron prácticamente todas las agencias de aduanas que había, se suprimieron las fonteras europeas. La mayoría de los trabajadores fueron indemnizados por una especie de fondo de compensación y los que pudieron acogerse a las jubilaciones anticipadas lo hicieron. Los más jóvenes debieron cambiar de trabajo adaptándose con dificultad porque en su vida no habían hecho otra cosa que trabajar en la aduanas.
Actualmente La Jonquera dedica su actividad comercial básicamente a los franceses que cruzan la fontera en busca de tabaco, alcohol, perfumes y gasolina más baratos puesto que, en nuestro país, tienen impuestos más bajos. Hay, para ello, infinidad de supermercados. Esta gente además hace grandes colas para comer en self-services de bajo coste y por tanto de baja calidad. ¡Ah! evidentemente también está la prostitución. Ya que los vecinos vienen de compras y les sale más económico, aprovechan para darse un caprichito con las chicas de los numerosos clubes de alterne o con las que esperan pacientemente al margen de cualquier carretera del Alt Empordà que se debe estar convirtiendo en el mayor prostíbulo de Europa.
El fin de semana, junto a gasolineras, supermercados y, de hecho, en cualquier espacio donde quepa un camión, se amontonan decenas de estos en grupos. La circulación de camiones con mercancías no perecederas está prohibida en Francia durante el fin de semana, así que no les queda otra que quedarse y esperar, haciendo no se sabe qué, antes de llegar a la frontera.
 

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8 comentarios to “La vida en la frontera”

  1. Debe ser como Andorra no..?? digo yo, aunque Andorra creo que es mas chiquito una calle llena de tiendas y vas que te matas, a mi me gusta salir de allí hacia arriba, tiene unos paisajes preciosos, es curioso eso de la protitución y que haya tanta y que poco se cuenta… es curioso porque a veces tengo la impresión que el monopolio de la prositución lo tengan solo Cuba y demás paises latinos y algunos asiaticos… lo digo por la jodida propaganda que se hace siempre (vaya usted a saber los motivos)… es como si en Europa la gente no se prostituyera… Somos engreidos hasta para eso…
     
    Besossssss

  2. unadeprestado Says:

    Ha quedado, como dices ,gris y muerta,las familias jóvenes marcharon a otros lugares,la prostitución no hay quien la pare ,tiene mucha demanda…un beso Carmen y la próxima recuerda el chocolate en Barcelona es mas aromático y dulce

  3. es una pena, no lo conozco pero siempre es triste que pasen esas cosas. Por cierto, no consigo escuchar la canción que has puesto, la de la vida en la frontera, que si no me equivoco está cantada a duo con Radio Futura. Besos

  4. Hola Carmen; cómo hacía unos días que no pasaba he estado leyendo todas tus entradas, cómo siempre muy interesantes y los intercambios de opiniones.
    Interesante esta de la Jonquera, de lo que era y lo que és, antes de que cerrasen las aduanas.
    Y en cuánto a Obama, habrá que darle un voto de confianza, aunque hasta que se puedan notar los cambios, necesitaremos algunos años. Aunque espero que sean a mejor. Un saludo fuerte.

  5. Septiembre 1984. Frontera. Porta Catalana o algo así. Antes de pasar a Francia, camino de Italia.
    Parada, compra de bocatas, gasolina, y cambio de divisas.
    Una señorita, ante un matrimonio apurado, y despistados como estábamos, con dos niños dando la lata, tuvo la amabilidad, la gentileza, la solidardad y la bondad de, durante el cuarto de hora que nos "atendió", dirigirse a nosotros sólo en la lengua de su tierra, el catalán. He viajado por diversos paises, y jamás me sentí tan lejos de casa, de mi país, de lo míos como ante aquella señorita Rotenmmeyer de vía estrecha que nos miraba desde su atalaya como a microbios. Espero que, si tan grave es la crisis en La Junquera como parace ser, aquel petardo se encuentre ahora en un puesto de helados en Laponia aprendiendo suomi a marchas forzadas.

  6. Jose Antonio, un grano no hace granero….

  7. Andreeannette Says:

    Hola Carmen!
     LA JUNQUERA
     
    Bueno a pesar de haber pasado muchisimas veces esa frontera… No la conozco porque me pare muy pocas veces!
     Pero allí es evidente que la duana dava trabajo.
     Esta vida <gris> que refleja tristeza… es debida a este cambio… Un cambio que ha sido puestos de trabajos que fueron
    costumbres rotas, etc
    Pero queda la facilidad  de poder pasar, sin la molestias de cambiar el dinero, de saber o que se gasta uno..
    La prostitución pues para mi (¿?) me parece que es la miseria humana…que reune todos lo vicios…
    Me entristese mucho esto.
     Bueno tu entrada sobre la Junquera me ha gustado, y nos invita a pensar sobre los efectos de los cambios de ciertas leyes que ayudan a algunos  fastidian a los otros.
    Un abrazo:
    Andrée-Annette.
     
     
     

  8.  
    Por supuesto que el granero está a rebosar de buena gente, faltaría más, por algo admiro a tu tierra y a su gente. Me encanta Catalunya y en Barcelona he pasado unos días inolvidables.
    Pero aquella petarda… me hizo sentirme humillado.
    Carmen, repito: espero que aquel grano, molesto no más, haya aprendido a tratar con respeto al público. En Laponia.

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