Día 24 de enero: temporal

El pasado sábado tuve que salir a comprar pescado. Teníamos previsto salir a hacer unas compras después. Al salir a la calle me sorprendió la gran velocidad del viento. Frente a casa unos eucaliptos de entre 12 y 15 metros se agitaban con violencia. Las hojas, las ramas e incluso los troncos de un perímetro considerable dada la longevidad de los árboles, se volvían frágiles. Continué caminando y lo que inicialmente me causó sorpresa rápidamente se tornó miedo.
El viento levantaba las tapas de los contenedores de basura que producían un ruido estrepitoso al golpearse contra el contenedor. Los Mossos d’Esquadra acordonaban una zona bastante amplia en cuyo centro el quiosco de prensa amenenazaba con desprender unas enormes placas de un plástico traslúcido que cubrían el techo. Una de ellas reposaba entre un banco y una palmera, partida y dejando ver sus bordes afilados y cortantes. Probablemente la policía la había arrinconado allí.
En la estación del tren, el andén estaba invadido por unas grandes placas metálicas que, a modo de valla, separaban éste de las obras colindantes. Se habían desplomado sobre el andén que afortunadamente estaba vacío en ese momento.
A medida que avanzaba en mi recorrido hacia el mercado mi miedo se transformaba en un pánico contenido. Fui consciente del riesgo que corría. Nadie es capaz de controlar la trayectoria de un objeto arrancado y desplazado por la voraz fuerza del viento.
En el mercado Antonio me llamó. Uno de los eucaliptos que hay frente a casa había sido arrancado por la fuerza del viento. Algunas de las baldosas que recubren el edificio en el que vivo se habían desprendido por efecto de la fuerza del viento partiéndose en infinidad de pedazos al estrellarse contra el suelo. Me pedía precaución.
 

En vista del estado del tiempo decidimos quedarnos en casa. Más tarde escuchando las noticias se me encogió el corazón. En Sant Boi, una población cercana, el campo de beisbol se había caido como consecuencia del fuerte viento. Los niños que practicaban deporte en ese momento y sus monitores habían quedado atrapados entre los escombros. Resultado: 4 niños muertos.

En estos momentos todo el mundo se rasga las vestiduras y pretende depurar responsabilidades. Es evidente que la Generalitat, teniendo los medios que tiene hoy día, debería haber avisado a la población de los posibles riesgos y en este caso no lo hizo. Habrá que ver si el Ajuntamiento de Sant Boi tiene alguna responsabilidad en el derrumbamiento de las instalaciones ya sea por déficits en su construcción o en su mantenimiento. Pero yo me pregunto si los padres no fueron conscientes del riesgo cuando dejaron a sus hijos en las instalaciones. Si lo monitores no vieron el riesgo mientras practicaban deporte, no sin grandes dificultades a causa del viento.

La impresión que tengo es que nos hemos vuelto tan ignorantes o tan temerarios que eludimos las señales de la naturaleza que nuestro instinto debería saber interpretar. Éste no es un hecho aislado, todos conocemos casos de montañeros que salen sin un equipo adecuado e incluso olvidando los avisos de  riesgo ante aludes, mal tiempo, etc. ¿Cuántas veces no tenemos noticias de curiosos temerarios que se acercan a ver las grandes olas en un temporal y en ocasiones son engullidos por ellas?

¿Tendremos los ciudadanos alguna responsabilidad en estos hechos? ¿Nos estamos desligando tanto de la Tierra que no sabemos interpretar sus signos?

La ignorancia y la negligencia se pagan. En este caso la han pagado cuatro niños que no han sido protegidos por sus monitores, por sus padres, por el Ayuntamiento  ni por el govern de la Generalitat.

¡Y no vale lavarse las manos ni pasarse la pelota!

Cada palo tendrá que aguantar su vela…

 

15 comentarios to “Día 24 de enero: temporal”

  1. Fernando Says:

    ¡Hola Carmen! Lo primero alegrarme de que no te pasara nada, porque visto en panorama en toda España (12 muertos a causa del viento), si que corriste peligro al salir de casa. Creo que tienes toda la razón cuando dices que los ciudadanos nos hemos desligado de las señales de la naturaleza, haciendo hincapié en lo de ciudadanos, porque creo que en el campo se fijan mas en estas cosas. ¿Tanto nos cuesta quedarnos sin salir un día en estas situaciones extremas? ¿Tan aburridos estamos de nuestras vidas que necesitamos emociones fuertes, que pongan en peligro nuestras vidas? Hay un poco de todo esto. Actuamos como niños inconscientes del riesgo, pensando que el papá Estado nos sacará luego de los problemas. La tragedia de Sant Boi ha sido fruto de un cúmulo de circunstancias adversas, pero fácilmente predecibles y evitables: Posible desidia de la Admistración por no avisar claramente de no salir a la calle, como cuando se pone una bandera roja en la playa. Posible fallo en la construcción del edificio, con muros de seis metros de alto sin contrafuertes ni relleno de ningún tipo. Creo que segura falta de previsión en padres y monitores, por no pensar que cuando la tormenta arrecia, un día sin entrenar no es tan importante, pero ellos, sobre todo los padres, ya están pagando las consecuencias. Aunque la peor parte se la han llevado los que ya no están.Bastante frágil es la vida humana, como para que encima la expongamos a la furia de los elementos. Creo que volcamos tanto la educación en los estudios escolares, que nos olvidamos de enseñar como es la vida. Y aprendemos a golpes.¡Cuidate Carmen, y no compres tanto pescado!

  2. se me puso la piel de gallina al enterarme de la noticia, a esa misma hora , en otro polideportivo a bastantes kilómetros del de Sant Boi jugaba mi hijo un partido de baloncesto, y solo de pensar que le podía haber pasado lo mismo me pongo mala. Que lástima por esos niños, tan felices que estaban jugando. Besos Carmen

  3. Carmen Says:

    Fernando, veo que tenemos la misma opinión sobre este tema. Pensé llamar a esta entrada "Papá Estado". Tere, qué lástima de esos niños que podían haberse salvado si todo el mundo hubiese estado en su papel, pero los unos por los otros, la casa sin barrer. No todo nos lo tienen que decir las instituciones, nosotros también podemos decidir si enviar a nuestro hijos a jugar o no en función de lo que vemos.

  4. No debería servir de ejemplo la muerte de nadie y menos de unos niños, como tampoco vale echarse las culpas los unos a los otros, ahora yo tengo una cosa clara, visto el temporal de viento, yo no dejo ir a mi hijo a ningún partido de lo que sea, creo que hay cosas que no necesitas que te las digan, porque estan a la vista de todos, supongo que somos demasiado confiados con eso de que a nosotros no nos va a pasar… hace pocos días en el Norte el temporal se trago a una persona que hacia fotografías al mar…creo que no somos capaces de calibrar bien el peligro que se corre en ocasiones.Un besote moza.

  5. Carme, de acuerdo contigo. En los pueblos, antiguamente, sin tanto rollo de Protección Civil, Emergencia, Servicios meteorológicos ni ná de ná, la gente sabía lo que tenía o no tenía que hacer.Está muy bien lo de los palos y sus velas, pero no podemos confiar en que todo nos lo den informado, revisado, previsto y solucionado. Algo de sentido común deberemos poner en lugar de los consabidos comunicados.Un pabellón como refugio? Y porqué no?Siento de verdad que unos chavales hayan pagado con su vida el grosor chapucero de unas simples rasillas como pared.

  6. Carmen Says:

    Pues verás, Bejarano, el de Sant Boi no era un pabellón cerrado. Por lo que tengo entendido era un campo de beisbol, exterior, con unas gradas cubertas por una especie de voladizo. Tal y como estaba el díá lo más lógico era no haber salido ni a la calle.

  7. Kitaro Says:

    Hola Carmen; terrible noticia la de estos 4 niños fallecidos por culpa de unas instalaciones endebles que habría que pedir responsabilidades por la poca resistencia en la construcción.Aparte de eso, a veces la naturaleza se comporta así de cruel, arrancando árboles y todo lo que encuentra en su camino y ahora con el cambio climático suceden estos fenómenos tan extraños en lugares dónde nunca había pasado, cómo la nevada que nos pilló aquí en Madrid totalmente desprevenidos, cosa que no hacía con tanta intensidad desde hace años.Bueno, por aquí ando leyendo tus interesantes entradas, ya que ahora con la crisis no me deja mucho tiempo para los spaces. Un fuerte saludo.

  8. Carme, no sé si era cubierto o no. Lo que vi fue una pila simples rasillas de prefabricado, y algún lugareño ya lo decía in-situ, que era endeble. De todas formas creo que era un pabellón aledaño al campo propiamente dicho y que se resguardaron allí.Y vamos, que yo me voy a quedar en casa un sábado por la mañana por culpa del viento…? con dieciseis años? Y por lo que tengo entendido el Ayuntamiento tenía previsto el arreglo o algo asi, pero… que una pared no se cae así como así.Besitos, Carme

  9. Carmen Says:

    Bejarano, tus golpes de "modernidad" me dejan pasmada. En primer lugar los niños tenían entre 10 y 12 años, a estas edades somos los adultos quienes debemos guiarlos y decirles lo que está bien o no y lo que deben hacer o no y más en una situación de peligro. Sabemos que un adolescente, de 16 años, por definición es temerario porque no percibe el riesgo y así van las cosas en muchas ocasiones. Yo no soy técnico en construcciones y no sé si estaba hecha correctamente la edificación del "pabellón". Si no fuese así el peso de la ley debería caer sobre los responsables. De todos modos no podemos dejar caer la responsabilidad de las cosas sobre los demás, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. ¿Qué papel tenemos entonces los padres? Delegamos la educación de nuestros hijos en los profesores, la salud en los médicos, la seguridad en los poderes públicos. ……Entonces ¡Qué coño hacemos nosotros!Un beso Bejarano

  10. Rosa Maria Says:

    Opino como tu Carmen, a pies juntillas. En Madrid fue tremendo y yo tuve que salir a hacer compra, así que m eiba fijando retirandome de los luminosos, casi andaba por la carretera. Es cuestión de sentido común, como tu dices, ya ha ocurrido en más ocasiones. Con menos viento, en Madrid suspendieron el partido que iban a jugar los amigos de mi hija. De un polideportivo que se encuentra en un estado impecable; Para qué tenemos la cabeza? No me valen los funerales, no me valen las lágrimas. A un hijo de 16 años se le puede decir no ,o que pasa? si el no percibe el riesgo para eso somos adultos los demás.Realmente estoy indignada Carmen, indignadaUn besito Rosa Maria

  11. Querida Carmen, me imagino el susto que te llevarías, yo sentí mucho la muerte de esos niños. Al viento le tengo pánico desde pequeña, hubo unas ráfagas de viento huracanadas las cuales partieron un poste de la luz y este cayó al patio de mi casa, aún recuerdo la lluvia de fuego, nos quedamos incomunicadas mi madre y yo en la parte alta de la casa y el resto en el patio, hasta que vinieron a retirarlo, al poco tiempo, otra ráfaga arrancó de cuajo una chimenea, la cual cayó a mi lado, por centímetros no me mató, eso fue suficiente para sentir mucho miedo, si hace viento yo no salgo, ni quiero que lo hagan mis hijos, es algo muy peligroso, nunca sabes lo que te puede caer en la cabeza. La próxima que haga viento, en vez de pescado una lata de sardinas que tiene mucho calcio. Besitos y buen fin de semana.

  12. Querida Carmen,no creo ke los padres se dieran cuenta del riesgo.Como madre intento proteger a mis pekes pero no les puedo tener enuna burbuja.Siento mucha pena pero no me imagino la impotencia de esos padres…Ojala todo fuera mas sencillo…

  13. Hola guapa…te voy a dejar la dire de una entrada que ha hecho una amiga en su blog, quizás te interese echarle un vistazo, ahora no sé si saldrá bien…cuando le de a agregar veré si se queda, si no vuelvo y te pongo la dire del blog vale…http://valesicur.wordpress.com/2009/01/27/estimar-me-per-que-no-de-angels-espeig/#comment-675Besotesssss

  14. Jeje, pues si que salio… la entrada se llama “Estimar-me, per què no?” Otro besote hala…;)

  15. AnToNiA Says:

    ¿INSCONCIENTES?YO DIRIA QUE SOMOS UNOS DESPREOCUPADOS,UNOS DESPRENDIDOS QUE PENSAMOS QUE LAS DESGRACIAS LES PASAN A LOS DEMÁS Y NO A NOSOTROS MISMOS,CUANDO EL PELIGRO ESTÁ A LA VUELTA DE LA ESQUINA PARA CUALQUIERA DE TODOS NOSOTROS.YO ESE FIN DE SEMANA NI SALÍ NI DEJÉ SALIR A MIS HIJOS,NO ANTE HURACÁN QUE SE LEVANTÓ…MÁS VALE PREBENIR QUE CURAR.YO NO PRETENDO CULPAR A LOS PADRES POR QUE BASTANTE PENA TIENEN CON HABER PERDIDO UN HIJO,PERO SI DIGO QUE SE PODRÍA A VER EVITADO POR UN CUMULO DE CIRCUNSTANCIAS Y AVISOS QUE AL PARECER TODOS IMNORARON,ESE DÍA LES FALLÓ EL INSTINTO DE SEGURIDAD Y SUPERVIVENCIA.UN BESO.

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